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Uso de la inteligencia artificial aplicando DUA · 12 herramientas para derribar barreras. Por qué cada entrega está hecha así, qué revisarle a la IA cuando conteste, y a dónde va todo esto: tu portafolio y el muro de tu escuela.
No se lee de corrido y no se lee antes. Se lee suelto, el día que toque.
Los videos te dicen qué hacer. La app te lleva de la mano mientras lo haces. Este cuadernillo contesta la otra pregunta: por qué está hecha así cada entrega, y qué tienes que revisarle a la inteligencia artificial cuando te conteste. Es la parte que no se puede automatizar, porque es la parte que decides tú.
Cuando vayas a hacer la entrega 3, lee la entrega 3. Nada más. Las otras te van a servir el día que las hagas.
Lo que necesitas saber para el curso. Ni una palabra más.
El Diseño Universal para el Aprendizaje parte de una idea sencilla y difícil de tragar: la barrera no está en el alumno, está en el diseño. Si una sola hoja, una sola manera de explicar y una sola manera de responder es lo único que hay, el diseño ya decidió quién puede y quién no antes de que empezara la clase.
La versión vigente es el DUA 3.0, publicada por CAST y traducida al español. Está armada en tres niveles:
Y hay algo más que sí cambió de verdad: once de las treinta y seis consideraciones son nuevas o están reformuladas. Lo que entró es lo que la versión anterior no nombraba — el sesgo, la identidad de quien aprende, el peso de lo emocional en el aula, quién aparece y quién no aparece en los materiales. Por eso el día 3 de este curso trabaja cosas que en la rueda vieja no existían.
La pregunta la hacen siempre, y merece respuesta antes de empezar.
Porque en tres tardes no caben, y porque verlas todas no sirve de nada. Una docente que sale del curso conociendo ochenta y ocho nombres no usa ninguno el lunes. Una que sale con cuatro que domina, las usa.
Las doce están escogidas con tres reglas: que sean gratuitas en el plan que usamos, que no se instalen —todas abren en el navegador—, y que ya se hayan probado en vivo con docentes de educación básica. Entre las doce quedan cubiertos los tres principios.
| Día | Herramienta | Qué resuelve | Lo que hay que saber antes |
|---|---|---|---|
| Día 1 | Teachable Machine | Entender qué es la IA entrenando una en diez minutos | Necesita cámara. No guarda nada de lo que grabas |
| Día 1 | ChatGPT y la NARA | Reescribir la consigna; la NARA además cita a la SEP | Requiere cuenta de ChatGPT, es gratis |
| Día 1 | Pictotraductor | La consigna en pictogramas de ARASAAC | No requiere cuenta. Frases cortas o no traduce bien |
| Día 1 | ElevenLabs | La consigna en voz | Créditos limitados al mes. Textos cortos |
| Día 2 | NotebookLM | Preguntas sacadas de tus propios documentos, con cita | Entra con tu cuenta de Google |
| Día 2 | Canva | El material, y las tres rutas de respuesta | Canva para Educación tarda días en verificarte. Pídelo hoy. Se comprueba con correo institucional o con un comprobante: el recibo de nómina sirve. Paso a paso en video |
| Día 2 | Padlet | Un muro donde se responde con texto, foto, audio o dibujo | El plan gratuito da tres muros. Revisa que abra sin cuenta |
| Día 2 | SpeechTexter | Dictar en vez de escribir | Solo funciona en Google Chrome |
| Día 3 | Gemini | Imágenes de entrada — y el conteo de lo que nunca aparece | Entra con tu cuenta de Google |
| Día 3 | Grok | La misma instrucción en otra herramienta, para comparar | Requiere cuenta. Hay límite diario en el plan gratuito |
| Día 3 | HeyGen | Un video corto: la consigna con cara y voz | El plan gratuito da videos de menos de un minuto |
| Día 3 | Plickers | Preguntas al grupo con tarjetas de papel | Un solo aparato: el tuyo. Las tarjetas se imprimen |
Cada una tiene cinco apartados y siempre los mismos. El último —qué revisarle a la respuesta— es el que más te va a servir.
Escribir tu consigna de tres maneras: igual que está, en lectura fácil, y partida en tres pasos. La misma consigna, tres puertas de entrada.
La palabra que hay que adivinar deja fuera antes de que empiece la tarea. No es que no sepan del tema: es que no saben qué se les está pidiendo. Reescribir la consigna no es bajarle el nivel — es quitar el candado de la puerta.
Además de lo de siempre, cuál palabra de tu consigna crees que es la que se atora. La que hay que adivinar: «argumenta», «infiere», «desarrolla».
Cambiar de actividad a la mitad del curso. Se trabaja la misma hoja las seis veces: eso es lo que deja ver el avance.
Que la versión de lectura fácil no le quite el contenido: frases más cortas, no ideas de menos.
Que los tres pasos empiecen cada uno con un solo verbo, y que sean tres pasos de verdad, no uno partido en tres.
Que no te haya cambiado lo que se pide: si tu consigna pedía opinar, las tres versiones piden opinar.
Tu consigna vuelta pictogramas, y la misma consigna vuelta audio. Dos canales más, sobre la misma hoja.
El pictograma no es «para los que no leen» y el audio no es «para los que no pueden». Son un segundo y un tercer canal para todo el grupo: quien ya lee también lo agradece cuando está cansada, y quien va en el camión escucha.
Cuáles son las palabras clave que sí o sí tienen que aparecer en pictograma. Tres o cuatro. Las que sostienen la instrucción.
Poner el audio «por si acaso». Si en clase solo lees la consigna en voz alta cuando alguien lo pide, sigue siendo un extra, no una vía.
Que las frases para pictograma tengan tres o cuatro palabras y verbos concretos: «señala», «escribe», «pega». Nada de metáforas.
Que las palabras clave que tú marcaste estén todas: si falta una, el pictograma cuenta otra cosa.
Que el texto para leer en voz alta no traiga siglas ni abreviaturas sin desarrollar, porque se oyen como ruido.
Convertir cinco preguntas de tu material en preguntas que se puedan contestar de tres maneras: diciéndola, señalándola o dibujándola.
Aquí se ve de golpe qué significa que una máquina «cite»: NotebookLM solo contesta con lo que le cargaste. Búscale a propósito una respuesta que no esté en tus documentos. Encontrarla es parte del ejercicio: es la mejor manera de perderle el miedo y ganarle el respeto al mismo tiempo.
Qué documentos vas a cargar en NotebookLM. El programa, la lectura, tu hoja.
Cargar diez documentos en NotebookLM. Pocos y bien elegidos contestan mejor que muchos revueltos.
Que cada pregunta traiga su cita, y que la cita esté de verdad en tu documento: ábrelo y búscala.
Que las tres formas de responder sean por canales distintos —decir, señalar, dibujar—; si las tres piden escribir, es un solo camino con tres nombres.
Que no haya cambiado lo que se pregunta: cambia por dónde se contesta, no el contenido.
Un muro donde la misma pregunta se pueda contestar con texto, con foto, con audio o con dibujo. Las cuatro valen igual.
Cuatro maneras de responder no son cuatro concesiones: son cuatro caminos que valen lo mismo. Si la consigna está escrita de modo que solo el texto «cuenta de verdad», el muro no sirvió de nada.
El enlace de tu muro de Padlet. Se copia del botón Compartir. Revisa que se pueda abrir sin cuenta.
Y un aviso: SpeechTexter solo funciona en Chrome. Dictar no es hacer trampa: quita la barrera de la mano, no la del pensamiento.
Dejar el muro en privado. Si no abre sin cuenta, no se puede revisar y la entrega se devuelve.
Que la consigna del muro esté escrita de modo que cualquiera de las cuatro formas sea una respuesta completa, no un premio de consolación.
Que no diga «y si quieres, también puedes grabarlo», porque eso convierte el audio en un extra y deja de ser una vía.
Prueba tu enlace en otro navegador antes de entregarlo.
Pedir imágenes para enganchar a tu grupo, con la misma instrucción, en dos herramientas distintas. Y después contar qué apareció y qué no apareció nunca.
El sesgo no lo inventó la máquina: lo leyó en millones de textos e imágenes hechos por personas. Verlo con números —«de doce, cero»— es lo que lo vuelve discutible en Consejo Técnico en vez de una impresión.
Y correr la misma instrucción en dos herramientas enseña de un golpe que no hay una respuesta guardada en algún lado: hay una calculada, que cambia.
La instrucción exacta con la que pediste las imágenes, tal cual, sin cambiarle una coma. El conteo: de cuántas imágenes, cuántas mostraban qué. Y en qué se diferenciaron Gemini y Grok con la misma instrucción. Si contestaron distinto, eso es el hallazgo.
Escribir «salieron pocas niñas». Sin el conteo no hay argumento: el número es el argumento.
Que la frase para el Consejo Técnico traiga los números y ningún adjetivo: «de doce, cero» se sostiene; «se me hace que salen pocas» no.
Que la instrucción corregida no se vuelva una lista de cuotas, porque representar no es repartir porcentajes.
Y que no acuse a nadie: el sesgo se describe, no se denuncia, y así se puede conversar.
Tres preguntas para todo el grupo, contestables con una tarjeta de papel. Y un video corto tuyo, con cara y voz, para abrir la actividad.
Plickers existe justo para el aula donde no hay un aparato por niño. La tecnología que supone un dispositivo por persona levanta una barrera nueva mientras cree que quita una.
Y de las preguntas al grupo, lo que importa no es el porcentaje: es qué haces cuando la mitad contesta mal.
Qué vas a hacer cuando la mitad conteste mal. Esto es lo que separa una votación de una evaluación formativa: sé concreta, di qué haces en los siguientes diez minutos.
Y el enlace o el nombre de tu video de HeyGen, de menos de un minuto.
Poner opciones absurdas para que la correcta se note. Cada opción equivocada debe corresponder a un error que de verdad comete tu grupo.
Que las tres preguntas se puedan contestar con una tarjeta: opción única, sin trampas de doble negación.
Que tu respuesta a «qué hago cuando la mitad conteste mal» sea algo que harás en esa misma clase, no «lo repaso otro día».
Y que el video dure menos de un minuto y diga qué hacer, no quién eres.
El curso no termina en seis archivos sueltos. Termina en algo que puedes enseñar.
Un portafolio de evidencias docente no es una carpeta con todo lo que hiciste. Es una selección con argumento: unas cuantas piezas, y al lado de cada una, la razón por la que está ahí. Una carpeta con cuarenta archivos no dice nada. Seis materiales, cada uno diciendo qué barrera derriba, dicen todo.
Al terminar los tres días ya lo tienes armado sin haber hecho trabajo extra: son tus seis entregas. Lo único que falta es ponerle las dos hojas que lo vuelven un portafolio y no un montón.
La barrera se nombra desde el entorno, nunca desde el alumno. Esto suena a detalle de redacción y no lo es: es el cambio entero.
| Así no | Así sí |
|---|---|
| «Juan no puede leer la consigna» | «La consigna solo existe en texto escrito» |
| «El grupo no participa» | «Solo hay una manera de participar: levantar la mano y hablar» |
| «No entienden las instrucciones» | «La instrucción tiene cuatro pasos en un solo párrafo» |
| «Es que no traen material» | «La actividad exige material que no todos consiguen» |
Fíjate en lo que pasa: del lado izquierdo no hay nada que puedas hacer el lunes. Del lado derecho, todo es arreglable. Por eso se nombra así — no por corrección política, sino porque una barrera nombrada desde el entorno es una barrera que sí se puede quitar.
Aquí es donde tu trabajo deja de ser tuyo y se vuelve del colectivo.
El muro pedagógico es el espacio —físico o digital— donde el colectivo docente deja a la vista lo que está haciendo, para que las demás lo lean, lo discutan y lo tomen. No es un periódico mural de adornos: es una vitrina de práctica. Lo que se pone ahí es lo que funcionó, lo que no, y qué se aprendió.
Se te pide mínimo una práctica por grupo. No las seis: una. La que mejor te haya salido, o la que más te haya movido. Documentada quiere decir cuatro cosas, y caben en una hoja:
La estrategia de formación continua vigente pide a cada colectivo construir una narrativa pedagógica colectiva: no seis relatos individuales, sino uno de la escuela, armado a lo largo de los momentos del ciclo. Aquí está la diferencia que conviene tener clara desde el principio:
Dicho de otro modo: tú no llevas «tu narrativa» al Consejo. Llevas la pieza con la que el colectivo arma la suya. Por eso conviene que tu hoja esté escrita para que otra la pueda leer sin que tú estés al lado explicándola.
De niñas y niños, ninguna fotografía. Ningún nombre real, ninguna imagen, ningún expediente, ninguna calificación con nombre.
Un portafolio se sostiene con muestras de producto, no con caras. Fotografía tu material, tu muro, el espacio y lo que produjeron. Un trabajo terminado sobre la mesa dice más que veinte niños posando.
Esto va a chocar con algo, y más vale decirlo aquí: hay formatos oficiales que piden o permiten evidencia fotográfica. En este curso, no. La razón es sencilla — lo que se está transformando es tu material, no la información de tus alumnos. Y todo lo que sube a estas herramientas sale de tu escuela y entra a servidores que no controlas.
Lo mismo aplica cuando le escribes a la inteligencia artificial: no le pegues datos de tus alumnos. Ni nombres, ni diagnósticos, ni listas. La consigna se puede reescribir sin decirle a la máquina a quién va dirigida.
Lo mismo en las seis entregas, para que no haya sorpresas.
De cada material se califican tres cosas, y ninguna de las tres la puede escribir una máquina por ti:
| Qué se revisa | Qué se está buscando |
|---|---|
| Qué le cambiaste a lo que propuso la IA | Que haya huella tuya. Copiar y pegar la respuesta no es una entrega |
| Qué te propuso y no le hiciste caso, y por qué | El renglón que más vale. Es el único que demuestra criterio profesional |
| Qué barrera derriba tu material | Nombrada desde el entorno. Concreta, no «para que todos aprendan» |
| Qué | Puntos |
|---|---|
| Las seis entregas de material | 40 |
| Tu portafolio y tu aportación al muro | 30 |
| Asistencia a las tres sesiones en vivo | 20 |
| Participación en los foros de cierre | 10 |
| Total · acredita con 80 | 100 |